lunes, noviembre 21

Texto lunático

Los retazos de tierra que se preservan en las calles de la ciudad son una auténtica delicia para engalanar la mirada. Se cultivan ahí jardines y también son estrechas reservaciones para tribus de árboles de tronco espigado. A veces cuando llueve leve o cuando está a punto de anochecer, el color de la tierra se tiñe de un matiz elegante en serio. Una vez, alrededor de las seis de la tarde, alguien arrojó una cubetada de agua hacia la corteza de un joven eucalipto, y pareció como si de súbito, con ese simple acto, le hubiera dibujado una sombra. Era, en efecto, la sombra de agua del árbol.

El Tigre Famélico

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En lo que el Tigre Famélico abre su blog, este espacio se verá ataviado con sus Textos lunáticos.

jueves, noviembre 17

Quiero cantar sus calles
pero son tuyas.

Quiero cantar a la Santísima y sus flores,
a Loreto y sus vitrales incompletos,
a San Fernando y sus gatos.

Pero los vitrales no están rotos en tus pupilas
y las flores de la Santísima son frambuesas
y los gatos que sembraste no abren todavía los ojos.

Y yo quiero cantarlos
pero estoy ciega.

martes, noviembre 15

El resto del viaje

se revuelve en los dos días siguientes. De pronto, ya de regreso en esta urbe queridísima es como si Oaxaca existiera en otro tiempo.
Don Agustín siguió preparando platillos de agasajo los días siguientes: Amarillito, enmoladas, huevos a la mexicana en salsa de yerba santa, quesadillas de asiento... Los tres que habían llegado primero partieron primero; las Gracias se quedaron a seguir disfrutando de Lety y de la Ciudad.
Hay que obligarse a salir de Casa Cid de León. Obligarse porque hay una ciudad allá afuera que nos seduce con sus cúpulas de mosaico dominó o multicolor. Tanta cantera y hierro forjado clásico, neoclásico, barroco, gótico, art-decó. El Templo de San Agustín, con verde melena como la Santísima, mudo; la Catedral, con sus dos hileras de vitrales y sus candeleros medio góticos; el Templo de Santo Domingo de Guzmán, barroco hasta el imposible con su fondo blanco que lava tanto garigol dorado alrededor de cuadros, ojivas, a lo largo de trabes y columnas, arriba del coro en collar de gemas gigantescas y debajo en árbol de la vida sacro-militar; el Templo del Carmen de Abajo, el de la Soledad, el de la Compañía.
El martes por la noche, plática sobre las formas de percibir el cuerpo en tres poetas mexicanos: Sor Juana, Xavier Villaurrutia y Coral Bracho en "El Llano", sede de la Feria del Libro. No solo el tema fue interesante, sino que toda la conferencia fue un curso de manejo de la voz, de limpieza en la lectura, de hipnosis del público. Raquel lo dijo: los libros de Jorge ahora tienen voz.
La tarde previa a la partida fue triste, no obstante la fugaz compañía de un cometa pelirojo y las carreras por desfacer una confusión con los boletos del carruaje. Las cinco de la tarde dieron sobre cuatro mujeres amueganadas en el tomasol, como tatuando en su piel el calor de las otras tres en esa terraza selvática y poética. El regreso fue más callado que la ida.
Se quedan muchas cosas sin contar: la dulzura en la mirada de Lety, la suavidad de las sábanas, la verdadera identidad de Prema y Amaradás, el ofrecimiento de Juan Pablo Vasconcelos, los ojos ciegos afuera del Templo de la Compañía, el arcoiris que se dibujó por la tarde sobre el campanario de la Catedral, el poema que Paty Farfán le regaló a Oaxaca y a los Cid de León Ricardez...
Seguramente se contarán. Transfiguradas, pero se contarán.

lunes, noviembre 14

Texto lunático

Al abrevar como animal del agua herrumbrada del brocal del dogma, su corazón se petrificó hasta la brutalidad.

El Tigre Famélico

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