jueves, enero 16

Este no es otro poema náutico de adiós

Allá va la costa alejándose y el barco izando velas
y yo, este mar de lágrimas atónitas
rabiosas porque no
porque no es porque no será porque no se te da la gana
tomarme de la mano o del tobillo
o no
mirarme o no, escribir
o no pero estar

Faro fantasma
pañuelo que se agita por agitarse
te he tirado a los tiburones tanto como estrecharte en mis brazos
pero no te escribiré un poema náutico de adiós

Yo, capitana al abordaje,
vestida de ojeras y duelo
por lo que ya siempre
por lo que ya nunca

martes, diciembre 31

Este fin de año, a diferencia de tantos otros, no estoy ocupada haciendo cena. Tengo pan, queso, vino, más de doce uvas, y el desorden habitual alrededor. Tiene que ver con que este año que está por concluir me ha regalado una lente poderosa, bajo cuya luz, a veces dolorosa, me ha sido dado comprender y comprenderme. He recibido el regalo de sentir ¡sentir! con plenitud y conciencia. A la par, con el regalo recibo el reto de hacerme, de decidirme, de inventarme. ¡Vaya cosa! Tengo mucho por agradecer, a las personas que me han acompañado, de cerca y de lejos, a veces sin saberlo, porque ha sido un año de inventario y de recuento, de restauración. Agradecer los logros y las aventuras, los descalabros y las dudas grandes como montañas. Agradecer la gran conquista de este año, que fue vencer el miedo a tomar decisiones. Me ocupo de inventar nuevos ritos, de aprender del silencio, de conquistar la paciencia y la perseverancia. Otro regalo que recibí del 2013 fue la soledad, la que construye, la que alimenta, y desde donde se puede entender con claridad meridiana que uno no es si no somos. Conciencia y plenitud, nos deseo, pues, a todos. Y que con conciencia y plenitud nos sigamos abrazando, hablando, mirando, likeando y retuiteando. Y brindando, que para eso nos inventamos los fines de año. ¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!

sábado, diciembre 7

Me fue concedido sacarme de entre los muertos
allá iba conmigo a rastras
sin mirar atrás
conmigo a cuestas
probando veredas
a ciegas
andando en círculos a veces
conmigo, al lado mío
inventando
imaginando
deseando caminos
más en mis pies
hasta reconocerme
conmigo
hasta desconocerme
pero el mar
pero el sol
pero la luna
ya en mis ojos, ya en mi cuerpo,
en mí, ya.

Me fue concedido sacarme de entre los muertos
y nadé
llena de dudas
penosamente
me hice barca
remé a mano, a golpe de piernas
con furia
me hice mástil y vela
buque insignia de mi flota

Ay, pero las sirenas
retumba la aldaba en mi pecho
trepidante
Ay, pero la gorgona
corren por mi cara viejas lágrimas;
se petrifican.

Me fue concedido sacarme de entre los muertos.

lunes, diciembre 2

Yace un cristal azogado de savia,
una sola imagen congelada en su transparencia.
Oscuras las pupilas de humus y de tierra,
los labios entreabiertos parecen exhalar raíces;
el pecho, desnudo, palpita alas.
En el sexo penetra el aguacero y se contiene
toda la humedad para el estío.

Yace en el bosque escarlata de flores, de mariposas blancas,
que me crece adentro.

domingo, octubre 27

I
De la mano nos llevaron a internarnos en el bosque
de la mano, al mar
de la mano, a la montaña
de la mano, de regreso del bosque del mar de la montaña;

de la mano debieron llevarnos al secreto
y a la muerte.

Desde entonces mi mano buscó una mano para internarse y volver,
al bosque a la montaña al mar;
siempre he regresado sola.

II
Por el camino juntábamos colores
texturas
nombres
raspaduras
sabores
supimos que el sol conversa con las piedras
y, con el agua, juega.

Volvíamos con el camino en los ojos, en la piel, en los bolsillos.

III
Unas piedras de río, conchas de mar,
un demonio atrapado en el nudo de una rama,
dos cuarzos, una pieza de barro
se empolvan en una canasta de bordes vencidos
que ya no los contiene.

Hoy, que encontré la forma de volver de la muerte
extiendo piedras conchas sabores raspaduras
que es como extender mi propio camino.

IV
Hay senderos en que me hice migajas.
Están desiertos,
nada quedó de mí;
las aves sobrevuelan de tanto en tanto.

Hay caminos como labrados en roca que me duelen en los dientes
aún
en las rodillas
en los nudillos rotos de una mano que no era la mía.

Está el foso de una cascada en estío,
el de un arrecife,
cuyo fondo no hallaron nunca mis pies
manantial
pozo
noria
nada
y sabe dios que a la otra no habrá camino de regreso.

V
Extiendo el camino a mis pies con flores que compro para mí
con mis brazos que me ofrezco
con miradas directas a mis ojos.

En el dintel dos cartas:
las dos dicen lo siento, esto es lo que me toca
una dice gracias;
la otra, tú lo sabes

VI

Una autopista: la angustia;
un tobogán: el miedo.