domingo, julio 27

De memoria me la sé:
la mirada, la conversación, la risa,
siempre la risa,
compartir la ciudad y la noche
la cercanía, un roce, un sonrojo,
la sorpresa, siempre también
el encanto suspendido a dos centímetros del suelo
la mano el abrazo el beso
las manos los abrazos los besos
la piel el sudor la piel

Cierro los ojos, paladeo
esta risa aquella cercanía
el mismo sonrojo
el encanto un poco menos espumoso
aquel abrazo esas manos sus besos
y la piel piel

Es cosa de afinar el sazón:
besos, dulces y desbocados,
el abrazo acunador, continente,
cierto olor en cierto punto del cuello
caricias a discresión
la temperatura de esa respiración en ese sitio de mi nuca
un ligero temblor de manos.

Y reposo, ya se cuaje, ya se corte.
Y calma, un bocado a la vez.
Y temporadas de ayuno.

De memoria me la sé.
Salivo.

domingo, junio 8

I

Grabar los murmullos que deja en mi cuello
seguir el rastro de sus manos
registrar la coloratura de mis pezones entre sus dientes
medir el calibre de su piel la curvatura de mi espalda
observar la naturaleza de su vuelo
                                      sobre mi cuerpo bajo mi cuerpo al lado de mi cuerpo
notar la escala musical de los jadeos, de los gemidos

Respirarlo mientras duerme
libre de toda fórmula cortés;
atisbar en su entraña.


II

Mezclarlos todos, un portento cada uno,
sentir arder la mixtura, decantarse,
abrazar su impronta,
ungüento, esencia, pócima,
relámpago.


III

Saber que ruge en su cauce subterráneo
obedecer el vuelo propicio del instante
pronunciar:
Ábrete Sésamo

domingo, febrero 9

Ay de mí con La Coincidencia
ya sabes, una cocina, una jardín, una familia
un rostro que he visto dos veces y creo haber imaginados por siglos
su boca me va contando mi historia

Me miro aterrada queriendo mirarlo otra vez otra vez otra vez
en vilo, tanteando el abismo
me siento caer rodar desmembrarme entender

No es su rostro sino el rostro
el gran espejo vacío en que mi mano encuentra de pronto mi mano
atónita
están pelados los nudillos, las uñas rotas, pero es mi mano
están los hombros descoyuntados pero son los míos
y aún estando de rodillas siento mis pies

Ay de mí con La Coincidencia
me enseñaba el bosque y yo abrazaba el árbol

jueves, enero 16

Este no es otro poema náutico de adiós

Allá va la costa alejándose y el barco izando velas
y yo, este mar de lágrimas atónitas
rabiosas porque no
porque no es porque no será porque no se te da la gana
tomarme de la mano o del tobillo
o no
mirarme o no, escribir
o no pero estar

Faro fantasma
pañuelo que se agita por agitarse
te he tirado a los tiburones tanto como estrecharte en mis brazos
pero no te escribiré un poema náutico de adiós

Yo, capitana al abordaje,
vestida de ojeras y duelo
por lo que ya siempre
por lo que ya nunca