domingo, octubre 27

I
De la mano nos llevaron a internarnos en el bosque
de la mano, al mar
de la mano, a la montaña
de la mano, de regreso del bosque del mar de la montaña;

de la mano debieron llevarnos al secreto
y a la muerte.

Desde entonces mi mano buscó una mano para internarse y volver,
al bosque a la montaña al mar;
siempre he regresado sola.

II
Por el camino juntábamos colores
texturas
nombres
raspaduras
sabores
supimos que el sol conversa con las piedras
y, con el agua, juega.

Volvíamos con el camino en los ojos, en la piel, en los bolsillos.

III
Unas piedras de río, conchas de mar,
un demonio atrapado en el nudo de una rama,
dos cuarzos, una pieza de barro
se empolvan en una canasta de bordes vencidos
que ya no los contiene.

Hoy, que encontré la forma de volver de la muerte
extiendo piedras conchas sabores raspaduras
que es como extender mi propio camino.

IV
Hay senderos en que me hice migajas.
Están desiertos,
nada quedó de mí;
las aves sobrevuelan de tanto en tanto.

Hay caminos como labrados en roca que me duelen en los dientes
aún
en las rodillas
en los nudillos rotos de una mano que no era la mía.

Está el foso de una cascada en estío,
el de un arrecife,
cuyo fondo no hallaron nunca mis pies
manantial
pozo
noria
nada
y sabe dios que a la otra no habrá camino de regreso.

V
Extiendo el camino a mis pies con flores que compro para mí
con mis brazos que me ofrezco
con miradas directas a mis ojos.

En el dintel dos cartas:
las dos dicen lo siento, esto es lo que me toca
una dice gracias;
la otra, tú lo sabes

VI

Una autopista: la angustia;
un tobogán: el miedo.