viernes, julio 16

Alguna vez retozó aquí el mar
ese delicadísimo encaje castaño es su despedida al litoral
y ahí donde ahora crece alto el trébol nadaban los peces amarillos

Hubo una vez una isla
en que sueños y secretos deambulaban libremente;
ese tronco se llamó alguna vez liquidámbar
y en sus ramas los pájaros trinaban adivinanzas

No me creas:
cierra los ojos, imagínalo todo
ahí estás

2 comentarios:

Furtiva dijo...

Puedo llegar hasta ahí, abrir los ojos y sorprenderme, una vez más, con el poeta, que hace tanto inventó el mundo, la máquina de tiempo y la eternidad... De la mano de tus palabras, es fácil.

Gracias.

Anónimo dijo...

¡Hermoso!