Vestida de amarillo
abrazaba estrechamente un muñeco;
el sol llenaba la explanada;
los atlantes miraban atentos.

Seguí el camino
brincando de una baldosa a la otra
persiguiendo el olor del pasto.

Un golpe de viento me hizo levantar la cara
cerrar las ojos.
Ahí aprendí a volar

3 comentarios:

fgiucich dijo...

Cuando la inspiración del poeta despliega sus alas!!! Abrazos.

Furtiva dijo...

Preciso, lleno de aromas, lleno de brillo... Es un poema perfecto.

Anónimo dijo...

Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)