domingo, noviembre 28

Vestida de amarillo
abrazaba estrechamente un muñeco;
el sol llenaba la explanada;
los atlantes miraban atentos.

Seguí el camino
brincando de una baldosa a la otra
persiguiendo el olor del pasto.

Un golpe de viento me hizo levantar la cara
cerrar las ojos.
Ahí aprendí a volar

3 comentarios:

fgiucich dijo...
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Furtiva dijo...
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Anónimo dijo...
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