sábado, julio 1

2 de julio

Rara vez, si es que alguna, he utilizado este espacio para expresar mis ideas políticas y no será este el caso, aunque es difícil separar unas cosas de otras. La elección de representantes a los poderes ejecutivo y legislativo pasan necesariamente por convicciones políticas o así debería ser. Sin embargo, en México las elecciones cada vez semejan más a campañas publicitarias en las que los candidatos se presentan como productos, como fines en sí mismos: que si habla bien, que si cómo se viste, que si sonríe... ¿Cuál ha sido su desempeño en los cargos públicos que han ocupado? ¿Cuál su labor concreta en beneficio de la sociedad? No es una discusión simple, está llena de aristas.
No obstante, es innegable el avance democrático. Yo nací en un país donde no había elecciones verdaderas, donde el candidato oficial era el presidente de facto y la campaña se reducía a negociar localmente los apoyos y las prebendas. El organismo encargado de organizar y calificar la elección dependía directamente del Ejecutivo, de la Secretaría de Gobernación: juez y parte. Nos tocó vivir el último producto de esta farsa en 1988, cuando el sistema de conteo de votos "se cayó", planteando una duda razonable en la legitimidad del triunfo del candidato oficial. Costó muchos años del trabajo de mucha gente, en alguno lugares cobró inclusive vidas humanas, la lucha por la construcción de instituciones que garantizaran el valor de cada voto, la voluntad ciudadana en las urnas. Las medidas de seguridad de las credenciales, de las boletas, de los paquetes, del conteo, representan un gasto enorme para un país con muchas carencias, pero también con una necesidad muy grande de certidumbres.
Esta sería ya una razón suficiente para participar en la elección, para salir a votar este domingo: El refrendo de la opción democrática, de la posibilidad de elegir libremente a la gente que encabezará los gobiernos federales, los locales. Esto me lleva a otro aspecto de esta discusión: la gente que encabezará el gobierno. La calidad de nuestra clase política es muy baja, el discurso político es prácticamente inexistente más allá de consignas y descalificaciones. Las causas de esto son múltiples y los efectos devastadores para el desarrollo del país. Pareciera que nosotros, la gente común, tiene poco qué hacer en ello, pero no es así. La construcción de una democracia verdadera pasa necesariamente por la construcción de ciudadanos verdaderos. No basta con salir a votar o con decidir de manera responsable, mínimamente informada, nuestro voto. Hace falta más. Hace falta exigir de nuestros gobernantes resultados concretos. ¿Quién es tu representante local, quién tu diputado? ¿Qué está haciendo el representante de tu estado al Senado? Si la democracia se reduce a un evento cada tres o seis años, nos sale muy cara. Enorme el gasto en campañas mediáticas de pastelazos y guerra de lodo, de discursos huecos, de promesas incumplibles e irresponsables. Por momentos es casi cómico, patético; un circo que se paga con nuestro dinero y así continuará si nos seguimos asumiendo como público espectador.
Valga esta reflexión personal, coja, tuerta y llena de lugares comunes, como un llamado a votar mañana. También a pensar que la próxima elección presidencial es en el 2012, pero que empieza mañana mismo. ¿Cómo asumiran los contendientes el resultado de una elección cerrada como pocas? ¿Cómo hará la opción ganadora para restañar la radicalización creada durante las campañas? ¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos para que el futuro de nuestro país no se reescriba, no se ensaye, cada seis años? Dejar en manos de los políticos la responsabilidad de sanar un sistema enfermo de muchos años, anquilosado, mañoso, nos cuesta mucho también. Nos cuesta en dinero contante y sonante y en calidad de vida. Ellos no tienen ningún incentivo para tratar de sanarlo. Nosotros sí.

4 comentarios:

Raquel Olvera dijo...

voy a votar, pero no dejaré de hacer mi parte, que no es votar.

Silencio dijo...

No se solo hasta que estuve ahí, pude comprobar algo que pensaba, lo interesante de estas elecciones es que talvez sea un adelanto del poder que se puede llegar a tener como sociedad, vamos, quien quita y si de plano no hacen nada los políticos ya estemos en camino de poder quitarlos.

Como?

Aun no se.

Miss gracias por la cuidada.

Lo-que-serA dijo...

:D Besitos.

Ojalá, el Terrible, no tengamos que llegar a quitarlos, pero sí a que le chinguen ;) ¿Cuál cuidada, señor? Si ya ve que hasta el rojo...
Besos.

Silencio dijo...

Ah chinga hasta el rojo que?
Me zapeó?