domingo, julio 10

El otro centro histórico. Preludio.

-Ese retablo solamente puede describirse con sonetos gongorinos.
-¿Y ésta parte del centro?
-A lo mejor en prosa, pero se necesita una voz muy fuerte y a mí me salen pinceladas. Además he pasado toda mi vida aquí, me es muy entrañable; para mí este es el verdadero centro histórico. Me es muy cercano.
-¿Crees que necesitarías alejarte para contarlo?
-Sí tal vez. Pero si me fuera quisiera regresar a morirme aquí.

* * *

El campanario de la catedral es sobrecogedor desde la entrada: una pesada puerta de hierro detrás de la que se adivinan calabozos medievales franquea el paso a una escalera de caracol pétreo. La gente que viene detrás me impide detenerme a contemplar la bóveda con calma y atisbo apenas el yeso desconchado en las paredes. Sesenta escalones después, un descanso y otros más nos llevan a la torre oriente. La mirada queda cautiva por la escalera de cedro rojo, espiral dieciochesco que asciende hasta la cúpula, toda la madera ensamblada, sin clavos. Conozco las campanas cuyos ecos adornan diariamente el zócalo capitalino: Doña María de acentos dulces, la grave Don José. Felinos urbanos, nos desplazamos sobre las cúpulas de la catedral para contemplar la ciudad. “Allá se ve Loreto, allá está la iglesia del Carmen, ahí San Ildefonso” anticipa Armando nuestro recorrido.

Los campaneros de la Catedral no gastan joroba. El encargado de tañer la campana mayor con su badajo de doscientos veinte kilos, viste corbata y Nextel; sudoroso después de los cinco minutos del Ángelus se soba los brazos adoloridos. “¿Qué hace cuando no está tocando campanas?” le pregunto. “Trabajo en seguridad, pero cuando no hay voluntarios me toca ayudar acá arriba”. Continuamos a la torre poniente donde mora una campana de vuelta completa cuya corona de madera y hierro cobró la vida de un voluntario. Le retiraron el badajo durante cincuenta años y aunque hace dos que le devolvieron la voz, aún se la conoce como La Campana Castigada.

De regreso en la calle, emprendemos nuestro camino sobre la calle de Moneda más allá de la Soledad hacia el otro centro histórico.

3 comentarios:

Dra. Kleine dijo...

Y yo que me he perdido de tanto Dioses!

Sigue porfavor! sigue!

Tristán Estar dijo...

Tú deberías yendo especializándote y ser la voz de ese centro, que tanto la necesita. :D

Lety dijo...

Me encantan en verdad tus textos del centro, estoy de acuerdo, de acuerdísimo con Tristán. Y este de manera especial me hizo lamentarme de haber subido no se cuántos escalones para ver la Saint Chapele, cuando aquí me está aguardando algo tan sublime como esto. ¡¡Quiero mirar, quiero mirar!! Tu descripción en verdad invita, quiero oir a esa campana liberada, yo se lo que es estar impedida de hablar por tanto tiempo. quiero ver la escalera de cedro esamblada, quiero estar...
Besitos.