viernes, agosto 22

Hubiera querido tener un cortaplumas de hoja de plata y mango de perla con concha nacar. En lugar de eso, el cutter de plástico amarillo y lámina oxidada temblaba frente al papel de algodón. Mucho tiempo me debatí, fetichista, entre conservar ese libro así, intocado, o cortar los pliegos, incólumes después de encuadernados, allá a principios de un siglo anterior.

¿Cómo se hacía? ¿Se cortaban todas las hojas desde el principio, o se abrían mientras avanzaba la lectura? ¿Se sentía esta misma emoción, de ritual, de guiar el movimiento con un recuerdo heredado?

Hubiera querido tener un escritorio de madera, una pluma de ganso y un cortaplumas de plata, para hacerle honor, fetichista, a ese viejo libro viejo.

1 comentario:

Silencio atómico dijo...

el honor fetichista, el honor es abrir el libro, en la película de ... Entre copas, creo que le pusieron en español, el decia que el mejor vino no requería una megacena o una cosa especial, el tomarlo lo hacía especial, pero también creo que hay cosas que requiere cierto ritual, bueno al menos dirás, jojo yo abrí este libro, jo jo jo