domingo, agosto 31

No hay ciudades
y el mar mudó
después de cantar
siglos
el adiós a su cauce.

Corren las aguas
heridas aún en un costado;
se demoran apenas
memoriosas
en la luna de los peces amarillos,
bullen recordando el mar
en brazos del mar,
las múltiples mareas
luminosas
y la altura del acantilado.

No hay ciudades,
no hay muros que no quepan en una hoja;
un techo para los días de lluvia,
una hamaca de brazos
en el ayuno.
Nunca más puertas y cerraduras,
ni la gota aletargada
en la cabeza
de los días.

Suena el fragor de la ola
en el sótano
sin ventanas
de un baúl.

No,
no hay ciudades.
Tampoco queda mar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso, como Tú.

Furtiva dijo...

No hay mar ni ciudad
sólo hoja en blanco
o paisaje en blanco
o lo mismo en blanco
para llenar de añoranzas
historias
ilusiones

cristalitos de colores
para ver lo creado.