lunes, septiembre 21

Pero la luz se prende
y hay que hablar de ello
aunque las luces se prendan todos los días
y es que el silencio teje todo el tiempo
y lo difícil es decir aunque ya se haya dicho.

Que a veces aborrezco al ser humano
y otras necesito -tanto- un abrazo
(lo duro es cuando suceden simultáneas);
que me acurruco, días, en mi casa, en mi sillón
y otros las calles me quedan chicas.

Que la penumbra crece
y me cuesta permanecer luz
pero quiero,
y quizá por eso el baile de la otra noche,
sola y a oscuras,
y este monólogo banquetero.

2 comentarios:

fgiucich dijo...

El ser humano tan necesario, pero , también, tan odiado. Esa es la problemática de la vida. Pero sigamos adelante, no queda más remedio. Abrazos.

Furtiva dijo...

Cuando milagrosamente descubrimos, en nosotros mismos, ese otro...