miércoles, mayo 25

Fin del posmodernismo

Ese fue el arrullo con el que emprendí mi viaje al país de Morfeo. Envalentonada por el interesantísimo artículo de Oscar y por las innumerables reseñas de innumerables publicaciones, me empeciné en entender de qué va todo eso de la muerte del mundo Occidental como lo conocemos y me sumergí en la sección principal de Replicante. Mala idea. No porque los artículos sean malos (el dedicado a Cabrera Infante sí me pareció un poquitín forzado), sino porque he estado nadando en aguas, digamos, menos turbulentas.
Me descubrí vieja, conservadora, egoísta, mediatizada, culpable, inerte y desahuciada. Prácticamente todo lo que hago o no hago contribuye con el enemigo; es más, hay cosas que no hago que me convierten en el enemigo. Tampoco es que tengo muy claro qué es, pero es. Por ahí hasta haber dado de alta un Blogg me convierte en víctima o promotora del individualismo y la fragmentación.
¡Zas! Seguro voy a tener pesadillas, pensé durante una fracción de segundo con el ceño fruncido mientras sentía la revista deslizarse de mis manos.
Y no, mira tú, a no ser por el preparativo de elecciones en la UNAM, el resto del escenario fue de lo más placentero. Lo último que recuerdo es un muchachito de piel tibia que insistía en tomarme fotos con su celular.
En el transcurso de la mañana descubrí que me gustan las ideas expresadas con palabras de madera y de agua, las orgánicas, las tangibles o refrescantes; que el lenguaje metálico me duele y el aéreo no lo entiendo. Que en algún lugar de mi cuerpo está muy presente el abismo en cuya orilla vivimos y que, sin embargo, me niego a vivir angustiada.
El que se angustia pierde y a mí me gusta ganar. Tampoco me queda muy claro qué, pero indudablemente me gusta.

4 comentarios:

Tristán Estar dijo...

Pusmodernismo? Posmamertismo? A razón de Replicante me he escuchado pensar también Postmímismo. Cuál de todos es?

Lo-que-serA dijo...

¿O sea que no estoy vieja?

Tristán Estar dijo...

Noooooo!!!!

nasty dijo...

je je , todos estamos demasiado viejos para alguien más. y demasiado jóvenes para tantos otros.

el secreto es en permanecer, como se nos pegue la gana, sin darle gusto a nadie (a veces ni a nosotros mismo , jua jua).

un abrazo marialuisa