sábado, junio 11

De Innombrables

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Suben, dan una voltereta y bajan. Parecen contagiados por la edad del malabarista. Ascienden, se detienen, hacen su pirueta con cuidado, con cuidado descienden los aros plateados, cascados, mugrosos. Cuando uno de ellos se eleve con demasiado ímpetu, tropiece y caiga al asfalto, revelará con escándalo la condición de su alma de triplay.

Con todo y todo, la peluca no acusa demasiada edad. Nació ridícula y un poco más de sudor o mugre no afectan demasiado su aspecto. Seguro le pesa el calor: entre los candentes martillazos de las arterias craneales de su portador y el sólido reflejo de la luz en cientos de parabrisas, su esbeltez adelgaza más aún. Flaca y transparente; lánguida como ayudante de mago, pensará divertida.

Las lentejuelas tintilan también lagañosas, arrugadas. Bajo el sol lucen como a mentira, como a cara de modelo desmaquillada. Ellas mismas parecen notarlo y evitan reflejar con demasiado ímpetu la luz del semáforo. Alguna recordará el olor de su elefante preferido, quizá, y se humedezca; otra, trémula, escucha en los motores el rugido de los tigres dientes de sable, flacos, famélicos; alguna suspira con la sensación táctil, atesorada, de aquella licra brillantísima que enfundaba una pierna. Ninguna quiere llamar particularmente la atención pero si hubiera cerca alguna defensa cromada, la mirarían directamente a los ojos, fascinadas, vigilando los movimientos de ese bosque de reflejos.

Lo que más me sorprende es su sonrisa. Entre dulce y resignada pero traviesa, como burlándose de la ilusión de quienes van de un lado a otro, dizque libremente, pero tienen el alma clavada en el asta-bandera del Zócalo. Como regañándose, pero añorando la caravana de camiones, camionetas, carricoches viejos y aguantadores, polvosos y bullangueros; como pagando los encuentros fugaces, los apretujones a la carrera; como disculpándose por las pestañas anegadas de adioses. Como escanciándose con precaución las evoluciones de la trapecista en las alturas, desnuda.

Seguramente era el diestro jinete o el motociclista en El Círculo de la Muerte, o el domador de leones o el anfitrión del circo y por eso cojea cuando regresa, con las manos vacías y resignadas, a la banqueta. Lo imagino recordando la garra, la venganza o la caída que lo lanzó a ese deslucido, quizá hasta despreciado, traje de clown. Por eso no usa los zapatotes. Por eso se le caen los aros. Por eso sonríe.

¿Lo espera ella en caso o lo abandonó entonces? ¿Tiene un hijo abogado o una hija contadora que nunca lo visitan? ¿Qué manda está cumpliendo este viejo enfundado en su traje, sobrio junto al de las nalgotas pero ridículo?

O tal vez sí era el malabarista, el payaso con trompeta y flor, con rutina de enano y cachetadas; el único que no se resignó a doblar la carpa y conseguirse un puesto de dos por dos en el centro, a contar chistes pelados en el camión o a poner un changarro con letras de colores: “Chicharrín. Se animan fiestas infantiles. Se rentan inflables”.

Ya recoge sus cosas. Ya se despide de los otros habitantes del crucero. Ya empiezo a sentir la emoción que me da la cercanía del conocimiento. Cómo se enfrentan a la vida, quién los espera en sus casas; no necesito preguntarles. Todo lo sé cuando se encuentran frente al cañón de mi pistola.

8 comentarios:

Lo-que-serA dijo...

Es mío. ¿No les gustó? ¿Por qué? Algo... una palabra...
:´(

Raquel Olvera dijo...

Está buenísimo.

Qué bien escrito está, me encantó. Un final muy sorpresivo.
Tienes talento para la narración ¿he?

Más, más, más, más, más.

Armando Ayala dijo...

Siempre he creído que tienes mucho que decir. Me gustó el ritmo, la fuerza narrativa y desde luego, el final que funciona también como principio. Quisiera leer lo que sigue.

Tristán Estar dijo...

Jeje. Pues es que a veces dejas sin palabras. Ya qué decir, pues.

Lo-que-serA dijo...

Gracias mil queridos tres lectores. Yo creo que me traicionó el subconsciente y en efecto la redacción de la pregunta pide apapacho. En realidad necesita retroalimentación.
Armando: No sigue. En realidad es el quinto cuento de ese malhadado libro que entregaré, espero, el viernes.
Rach: Los otros son mucho más largos (no sé por qué le tengo manía a los posts demasiado largos) pero supongo que los iré poniendo de a poco. No por partes, sino... no sé. A ver.
Beso a los tres

Raquel Olvera dijo...

Feliz día internacional del Bloggero!!!!!!!!!!!
http://www.alt1040.com/archivo/2005/06/11/international-weblogger%E2%80%99s-day/

Anónimo dijo...

¡Gracias por el enlace!

http://delmuslodejupiter.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Pues no te preocupes por los post largos. A mi también las parrafadas me agobian, me dejan indecisa de entrarles o no. Pero tú me atrapaste. Hice mios tus pensamientos, porque nunca me han gustado los payasos. ¡Me dan una tristeza! por ahí se fue la linea de mi pensamiento, así que tu final fue verdaderamente sorpresivo.
¡Eres buena Maria Luisa, me encantó! Ya sabes soy Lety