miércoles, junio 21

La muerte masticó tus carcajadas;
te aplastó el corazón
traicionera
en el desmayo de un párpado

Supiste de inmediato que te morías
como lo sabías todo
escuchando la marcha de las nubes
siguiendo a los insectos
soñando.
¿Qué sentiste? ¿Cuáles fueron tus palabras?
Serenas tuvieron que ser,
brisa marina.

Te visito seguido, te sigo pidiendo cosas;
te encuentro en el espejo con frecuencia
en mi historia y en los sueños.
Te pregunto qué hacer
me pregunto cómo harías
incansable mariquita manos de colibrí.
Sonreiría, me digo, seguro sonreiría
con sus dientes cotiledón.

Tendrías que levantarte a mirar tu rayo de luz en las nietas
y antes de morirte de alegría visitar la casa sin tus rosas
poner una caja de música en mi almohada
acunar en tus brazos a la hermana
mayor desde pequeña
colgar soles en nuestras ventanas
que nos quedamos tan lluvia cuando te fuiste.

Te haría rabiar otra vez para escucharte decirme cabrona
te mostraría mis cuadernos te presentaría a mi hijo
comerías tus recetas
Tal vez no te extrañara mirarme escribirte, toda lágrimas y mocos;
prepararías un té, me contarías, pausada, tu día
y yo terminaría despepitándolo todo entre tus brazos
y nos reiríamos y me mandarías a tirar tantos pañuelos a la basura.

Vengo aquí seguido
en silencio
a preguntarme cómo habría sido la vida.
Veinte años me llevó pronunciar tu muerte, madre.

8 comentarios:

Lety dijo...

Ay Ay Ay Maria Luisa, préstame por favor uno de tus pañuelos, no importa que sea chambeadito, a mi se me acabaron los míos hermosa. Te presto mis brazos para acunarte, aunque no tenga manos de colibrí, en el corazón si tengo uno

Lo-que-serA dijo...

Mi Lety preciosa: No sabes el bien que me hizo escribir este poema. Sé que viene un periodo fuerte de reflexión que espero ansiosa para luego tener pretexto para correr a tu casa y recibir como premio uno de tus abrazos. Te mando un besito.

Lety dijo...

Este poema en verdad me cimbró amiga, quien me diera ser una madre así de amada,

No tengo una hija pero también los hombres lloran y tengo uno que sabe hacer llorar las palabras,

la cosa es merecerlas.

Besos muchos para tí hermosa

citoyen dijo...

Una hija y madre que extiende la mano -en forma de saludo- y continúa sembrando. Nunca se detiene sólo mas que para realizar una pausa, tomar un respiro y fortalecerse.

Un abrazo y saludos.

poemasperdidos dijo...

Te leí.
Y corrí a abrazar a mi madre, a provocarla para que me llame cabrona, a ver los soles que cuelga en mis ventanas. A tratar de asir lo inasible antes de que el tiempo me la esconda y perfume para siempre mi alma a nardos.

Gracias.
Mil gracias.

Gab

Silencio dijo...

Bueno supongo que lo plagiaré para leerselo a mi madre el día que muera, pero dicen que moriré antes que ella, ni pex, no lo usaré, me lo quedo de todos modos.

fgiucich dijo...

Madre, dónde estás que aún te sigo buscando? Impresionante. Abrazos.

Lo-que-serA dijo...

Seguro, señora querida, que es usted una madre amadísima, pero usted sabe que a veces lo que tenemos en nuestras narices nos parece lo menos evidente. Ésto, por aquello de lo que escribe nuestro amigo José Antonio de que única paraíso es el que ya no existe... o algo así. Abrazos.

Venga, venga, Citoyen; tenemos mucho de qué hablar. Abrazos, amigo querido.

Gab: Me da un gusto enorme saberte de regreso. Voy corriendo a tu casa a que me invites un cafecito y a darle un abrazo a tu mami. Gracias a tí.

Mesié le Terrible: Quédeselo, quédeselo. Ojalá aprendiera uno a cantarle al sol cuando brilla todavía en el cielo, lejos del anochecer que lo redimensiona todo. Pero haría falta para ello haber muerto varias veces... y acordarse. Besos.

Así es don Fer: hay ausencias que nunca dejan de estar. Gracias, siempre gracias, por sus palabras. Abrazo.