lunes, diciembre 12

Lucrecio.- Poeta

Sabía que las lágrimas vienen de un movimiento particular de pequeñas glándulas que están bajo los párpados, y que son agitadas por una procesión de átomos salida del corazón, cuando el mismo corazón ha sido herido por la sucesión de imágenes coloreadas que se desprenden de la superficie del cuerpo de una mujer amada. Sabía que el amor es causado por la dilatación de los átomos que desean unirse a otros átomos. Sabía que la tristeza originada por la muerte es la peor de las ilusiones terrestres, porque el que muere cesa de ser desgraciado y de sufrir, mientras que el que lo llora se aflige con sus propios males y piensa tenebrosamente en su propia muerte. Sabía que no queda de nosotros ningún doble simulacro para derramar lágrimas sobre su propio cadáver extendido a sus pies. Pero conociendo con exactitud la tristeza y el amor y la muerte, y sabiendo que son imágenes vanas cuando se las contempla desde el espacio tranquilo en el que es necesario encerrarse, continuó llorando, y deseando el amor, y temiendo la muerte.

Marcel Schwob
Vidas imaginarias

3 comentarios:

Silencio V_2.0 Release 3 dijo...

Viaja de la neurona, como una descarga, avisa y alerta, el cuerpo se prepara adelgazando la protección de mis pulmones, no soy yo, es mi cuerpo, no es mi idea pero no lo controlo, mas impulsos se unen, se desbocan, las ideas pelean, las ideas se mueren soy ahora participe inanimado del torrente de autonomía de un sistema nervioso. Mi hipertrofiado corazón se detiene, me falta el aire, el impulso se ha vuelto acción desencadenada, no respiro y una lagrima sale mi esa mendiga glándula lacrimal, que tanto me molesta.

Lo-que-serA dijo...

Imagine, Silencio, la de cosas que nos habríamos perdido en la vida si todo funcionara exactamente como sabemos que funciona. Alabado sea quien fuera por la bendición del azar.
Un abrazo.

pinche escritorcito dijo...

extraordinario párrafo, es quizá el mejor que he leído en toda mi vida, pero deberías publicar todo el cuento. Este párrafo después de leer lo que le antecede, adquiere dimensiones titánicas.

Muchas veces, mientras escribo, pienso en este párrafo.

Bello y terrible, por lo que tiene de cierto.